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Vamos

vamos, escribir

Vamos

Creo que este año cumplí mi cuota de llanto con creces, pero también de risas.

Conocí gente, espacios, lugares.

Me conocí en actividades que nunca había hecho.

Descubrí partes de mí que no sabía tenía, en el cuerpo y en el alma.

Conecté y desconecté muchas veces.

Me refugié mucho en mí.

Invertí en escritura, la tomé de la mano como una de las certezas: hay mucho que no sé, pero sé al menos que quiero escribir, eso es algo ¿no?

Pasé mucho tiempo hablando, algo que no me resultaba tan propio, pero parece que ahora sí. Como si año a año me sacara capas de encima, de esta cebolla que parece ser que soy y así voy descubriéndome un poquito cada vez más. Hay capas más lindas que otras, capas en las que quiero permanecer, pero como si también se tratara de una flor y sus pétalos (perdón por la cursilería, pero así es), algunas de esas capas caen solas por la propia fuerza propulsora de la vida, porque la vida se mueve y yo con ella y aunque a veces, parezca que no tengo ni puta idea hacia dónde voy, a algún lado siempre estoy yendo.

Hoy es el último día de un año más, nada cambia o cambia todo, o sólo un poco, o tal vez algo.

No me gusta atribuirle propiedades súper poderosas a los días, como tampoco me gustan los balances o los propósitos de Año Nuevo, pero me miro las manos sobre el teclado y parece que ellas me pidieran esto: escribir. Y yo hoy quiero dejar que manden y que digan lo que quieran decir.

Dicen que ellas tampoco tienen muchas certezas, pero por primera vez,  saben algo: hacia dónde quieren ir.

Hacía allá vamos.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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