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Una de tiros

una de tiros

Una de tiros

 

Ella se sienta en la silla ubicada en la punta de la mesa del comedor y respira. Lleva todo el peso de la zona superior de su cuerpo hacia sus brazos apoyados sobre la madera helada de de esa superficie de apoyo. Allí descansa.

Con la TV encendida piensa que un poco de distracción le hará bien para salir de su abatimiento mental, cuando se da cuenta que él la observa desde la mesada.

Vuelve a tomar aire, pero esta vez ese aire que entra por su nariz arrastra el fastidio de aquel que se sabe vencido por las circunstancias. Exhala por la boca tratando de desinflar ese globo interno que acumula bronca y hastío, pero se da cuenta que no es suficiente.

Entonces, se incorpora, colocándose erguida frente a la punta de la mesa. Gira su cabeza en dirección a aquel que la mira desde la mesada. Se miran fijamente el uno al otro. Se clavan los ojos. Ella siente que su agitación va en aumento, mientras que él se muestra tranquilo, con un claro semblante de superación.

Ella lo necesita. Él no la necesita, pero necesita que ella lo necesite. Se contemplan. Se miden. Se tientan. La tensión aumenta y así crece la molestia en el ambiente.

Ella agacha la mirada y se resigna. Se levanta de la silla, no sin antes maldecir — ¡Qué puto! nunca está donde lo necesito— Toma bruscamente el control remoto de la mesada y vuelve a su silla.

Una de tiros los espera.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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