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Lo que tu partida me enseñó

Lo que tu partida me enseñó

Tu partida me demostró que soy humana, de carne y hueso y tan frágil como un cristal.

Me enseñó que está bien llorar, que hace falta, que es natural y que si el llanto viene hay que dejarlo entrar y abrirle la puerta para que pueda salir.

Me dejó muchas preguntas sin responder y nuevas respuestas a las preguntas que siempre me había hecho.

Me hizo ver lo simple que es la vida y lo complejo que uno a veces suele ser.

Me permitió acercarme de otra forma a los que me rodean, mirarlos desde otro ángulo, romperme la cabeza para comprenderlos y pese a veces no poder hacerlo, amarlos aún más.

Me llevó a experimentar un dolor que no se parece a ningún otro y a sentir el corazón latir más fuerte que nunca.

Me obligó a cuidar mi memoria porque es allí donde residen mis mayores tesoros.

Me empujó a la desesperación,

a la bronca,

al fastidio,

a la negación,

a la tristeza infinita,

al dolor después del dolor,

al desencanto,

a la duda existencial,

al absurdo,

al ridículo,

a mirarme más adentro,

a encerrarme más en mí,

a entrar ahí y buscarme,

a intentar salir de ahí y encontrarme,

a probar,

a equivocarme,

a pelear,

a apretar los dientes y seguir,

a hacer fuerza,

a cansarme,

a levantarme una vez más,

a amigarme con la vida,

a volverme a pelear,

a reír llorando,

a llorar riendo,

a vivir.

Tu partida me obligó a crecer y  aunque parezca que esto suene a reproche, no es más que un reconocimiento de todo lo aprendido, lo transitado en tu ausencia.

Haces falta, claro que sí, pero tus enseñanzas viven en mí.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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