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el otro lado

El otro lado

Son poco más de las cuatro de la madrugada. Lo sé porque a través de la ventana veo el mismo color de ayer, cuando a esta hora me fui a la cama. Voy al baño y me lavo los dientes por segunda vez en la noche. Enciendo la luz de la habitación, acomodo las frazadas sobre la cama y me siento exhausta. Creo que dormiré hasta el mediodía. Me pongo la pijama y al apagar la luz veo que la claridad del día dibuja la silueta de una persona ubicada detrás del cristal de la ventana. Mi respiración se acelera y mi corazón comienza a saltar con fuerza. Me quedo detenida en el infinito tiempo del miedo. La figura detrás del vidrio...

Son poco más de las cuatro de...

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A Horacio, con afecto

  Una vez, a mi casa llamó Horacio, un compañerito de segundo grado, el nene más lindo y rubio del curso. No recuerdo qué quería, ni tampoco sé si hablamos. Lo que con precisión puedo decir es que ese llamado me arruinó la vida de 7 años que yo andaba trayendo por aquel entonces. Mirá Horacio, si estás leyendo esto —cosa que espero—  entérate de cómo, tu aparente acto inocente, me condenó a ser la persona que hoy soy. Quizás exagero, pero no. Para los que crecimos en una familia numerosa, cuestiones simples como comer una golosina o jugar a los videojuegos, implica una serie de estrategias muy precisas para salir airosos de la tarea. Quiero decir, no es abro la heladera y...

  Una vez, a mi casa l...

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La chica de la maldad infinita

Ella no sabía entregar amor a quienes la rodeaban. Su motor interno se encendía apenas abría los ojos. Era una fábrica del mal, cuyo único producto era herir al otro. Cuando entregaba su mercancía a la clientela, parecía alcanzar eso que muchos le contaban: la felicidad, el dividendo más preciado. Un día, una de las maquinas principales que hacía funcionar esta fábrica de maldades se averió y algo cambió en la empresa. Al principio, la muchacha intentó ocultarse de su clientela. Rehuía encuentros y reuniones, intentaba no salir, permanecía todo el tiempo que podía en soledad. Pero llegó el momento de volver al trabajo, tenía que seguir produciendo o el negocio se vendría abajo. Entendió que es imposible alejarse del mundo entero, porque...

Ella no sabía entregar amor a...

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dos sillas

Dos sillas

  —No, para mí no va a llover. —El pronóstico dice lluvia. —Sí, pero no va a llover, vas a ver. —¡Ay, qué bronca! ¿Quién me manda a mí a invitar a todos acá? —Bueno, no vienen nunca. —Sí, pero si ya se habían puesto todos de acuerdo con ir a lo de la abuela Tita ¿para qué me meto yo y abro esta boca enorme diciendo “si no vengan a casa”? —Bueno che… después de todo, esta fue siempre la elegida para fin de año ¿o no? —Sí, pero eso era antes. Ahora no tenemos por qué seguir sosteniendo eso, el año pasado no lo hicimos ¿por qué ahora tuve que hablar? —Porque quizás sentiste que ya era tiempo. —No, todavía no. Laura entra a la casa y se queda...

  —No, para mí no v...

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desolada

de-sola-da

Llegas a una esquina desolada. El sol hace algunas horas ya cayó y lo que alumbra en el cielo es, nada más y nada menos, que una simple Luna. No está sola esa Luna. Junto a ella hay un gran número de estrellas que te anticipan el calor de mañana. Pero mañana está muy lejos y ahora estás en una esquina desolada, con un amplio descampado en frente, a la espera de un colectivo que no llega. Los autos van. Los autos vienen. Un semáforo en esa esquina hace que los coches paren al ver el rojo y no sabes por qué, pero dentro de ellos ves sólo ojos masculinos. Tragas saliva. Te da miedo. Si existieran campanadas a las 33, habrían...

Llegas a una esquina desolada....

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Él y ella

—“Hoy es un buen día para morir”. Sos vos la que lo decías ¿no? ¿Con vos lo hablé? —Sí. —Era que le decías a tu amiga esa frase y ella se enojaba, te trataba de loca. —Sí. —Ahora lo entiendo. Acá. En esta cama. Con tus piernas y mis piernas desnudas entre las sábanas, sintiéndose sin acariciarse. Este roce y lo que pasó antes. Tu boca que fue totalmente mía hace unos instantes y esta piel tan clara como transparente que me invita, no, me permite acariciarla. Después de lo anterior, este día, hoy, es un buen día para morir. Sus ojos le queman, arden en lágrimas que allí se consumen. Su aparato lagrimal parece estar de paro, porque pese a todos los indicios  que...

—“Hoy es un buen día para...

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22.210

$22.210

Ese día Jorge se despertó más cansado que de costumbre. Dicen que el cuerpo presiente y quizás el suyo, presentía mucho lo que iba a pasarle en pocas horas. Remoloneó en la cama hasta las 06:15 y finalmente, tomó coraje y se levantó. Fue al baño. Luego llenó la pava y la puso a calentar. Tenía frío, pero no podía darse el lujo de prender otra hornalla. Mientras trataba de calentar sus manos frotándolas con fuerza y acercándolas al fuego, sintió detrás los pasos de Elvira, su mujer. Los dos entraban a las 08:00 de la mañana a trabajar. Ella era empleada doméstica. Él, también limpiaba, pero en un club deportivo. Alquilaban una casilla de techo de chapa que al llover ofrecía uno...

Ese día Jorge se despertó m...

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El punto rojo

María se levanta de la cama sin ganas. Hace calor en su habitación. Nunca compró las cortinas oscuras que pueden cortarle el paso, aunque sea un poco, al atrevido sol que todas las mañanas invade el cuarto. Recién inicia su día y ya adivina el fastidio que la jornada le traerá. Apoya sus pies descalzos en el suelo y siente que la calidez del sol ha embriagado incluso hasta el parqué.  Resopla. Mueve la cabeza. Para un lado, para el otro. Se lleva las manos al cuello y sigue haciendo movimientos circulares para sacarse la tensión que el acto de dormir siempre le representa. Se levanta de la cama. Arrastrando los pies camina hasta el baño. Abre la puerta e inmediatamente se...

María se levanta de la cama s...

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superheroína

La araña de Mariana

A Mariana la picó una araña. No fue una gran picadura, pero ella vio el momento exacto en el que la minúscula araña le dejaba una marca en la piel, un poco más arriba de la muñeca. Fue inevitable para Mariana reparar en ese piquete en su brazo. Tenía una pequeña y hasta simpática montañita colorada allí y como un acto reflejo de quien se sabe “picado” por un bichito de esos, se rascó un buen rato, aunque no pícara de veras. Mariana comenzó a imaginar qué hubiese pasado si esa araña le hubiera transmitido, como a Spiderman, súper poderes. Y entonces eligió, como si de gustos de helados se tratara. Eligió un súper poder que esa araña le podría haber...

A Mariana la picó una arañ...

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el mar

04 AM – 08 AM

4 AM y Mario sale de casa abrigado hasta los dientes. Lorena vuelve a la cama, tras despedirlo desde la puerta. Ella espera acostada hasta que su marido le confirme, mensaje de texto mediante, que ya llegó a su destino de trabajo. A las 04:19 finalmente aparece ese mensaje en la pantalla de su celular y Lorena apoya la cabeza en la almohada para volver a conciliar el sueño. 04:30 y Mario, junto a sus cuatro compañeros de tripulación, suben a bordo de la "Santa Teresa", una de las ya emblemáticas lanchitas amarillas del puerto de la ciudad. Lorena logra cerrar sus ojos. No entiende bien porqué, sin embargo, unos minutos después se despierta sobresaltada. Cree que se trata de un mal...

4 AM y Mario sale de casa abri...

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