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Permitirse la incertidumbre de no saber

Incertidumbre - no saber

Permitirse la incertidumbre de no saber

¿Qué querés ser cuando seas grande?

¿Qué vas a estudiar cuando termines el secundario?

¿Qué especialidad vas a elegir?

¿De qué vas a trabajar?

¿De qué vas a vivir?

¿Cuándo te vas a casar?

¿Para cuándo los hijos?

A veces pareciera que, para llenar espacios vacíos, esos que genera el silencio en una conversación, uno cae en estas preguntas.

Lo he hecho, soy parte de ese enorme conglomerado de individuos que han caído en preguntas de este tipo, muy al pasar, muy sin intenciones, las más de las veces, de generar en el otro una incomodidad. Pero ¿qué tal si sucede? ¿Qué tal si incomodamos o jodemos sin darnos cuenta?

Preguntas de este tipo, nos rodean. Nunca sabes, pero agazapadas en algún rincón, ellas esperan ser dichas en voz alta, para que alguien las padezca. No importa en qué lugar de la vida estés paradx, cuán autorealizadx te sientas, porque todo no se puede y quizás a nivel profesional conseguiste lo que deseas, pero a nivel personal tenés casilleros sin llenar y llega esa preguntita a romperte las pelotas a la puerta de tu conciencia:

“¿Hace mucho que estás solo/a?”

“¿Cuántas materias te faltan para recibirte?”

“Che ¿y los hijos para cuándo?”

“¿Pensás trabajar de lo que estudiaste?”

Y vos que estabas tranquilitx y conforme en tu universo, ves cómo poco a poco, los ladrillos de ese castillito se empiezan a desmoronar. Hacen ruido, son preguntas que hacen ruido y está bien, pero porqué alguien externo, ajeno a vos, tiene que venir a hacerlas, en momentos que no se las espera, ahí donde la voz dubitativa y el ceño fruncido moran, ahí donde se nota que joden.

La curiosidad inocente del otro, muchas veces hace daño, te deja rumiando por horas cosas como “¿qué le importa cuándo voy a conseguir novio?”; “¿por qué siempre me pregunta lo mismo?” o “¿qué se mete en mi situación académica y/o profesional?”.

Quiero creer que siempre es curiosidad lo que mueve al otro a preguntar cosas de este estilo. Sin embargo, también quiero creer que es posible responder simplemente “NO-SÉ”.

¿Cuántos “no sé” han quedado sepultados bajo cientos y cientos de respuestas falsas, inconclusas, excusas, autoengaños y mentiras? Cuando todo era tan simple como decir “no sé, ni idea”.

Porque a veces sucede que no tenemos idea, que no sabemos cuándo vamos a conseguir un novio, cuándo vamos a querer hijos, si es que los queremos, o cuándo vamos a terminar la bendita carrera que una vez allá lejos y hace tiempo iniciamos.

Todos no tenemos la bola de cristal, ni podemos anticiparnos a lo que seremos o haremos en la vida.

Un chico que termina la secundaria no siempre sabe qué quiere estudiar o si quiere hacerlo, y está bien esa duda, ya tuvimos y vimos y padecimos a miles de profesionales frustrados, haciendo cosas y ejerciendo roles que no eligieron, que no disfrutan.

¿Por qué no darle lugar a la duda? Si siempre hay tiempo para dudar, siempre hay tiempo para decidir, siempre hay tiempo, que no te quieran hacer creer lo contrario.

No sé vos, pero yo, me cuido cada vez más antes de pronunciar esas preguntas, porque no sé qué clase de efecto puedo ocasionar en el otro y entonces, le pongo un límite a mi curiosidad.

No sé vos, pero yo, respondo cada vez con mayor frecuencia un “no sé” ante esas preguntas y se siente bien.

Y el que pregunta… que resuelva su curiosidad como pueda.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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