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YoMelisa!

La emoción que domina el acto de escribir

¿Cuál es la emoción que domina el acto de escribir? Pregunta Naty y yo me quedo pensando. Me quedo pensando y enseguida escribo. Escribo esa pregunta como título. Titulo un texto con esa frase y el texto empieza a escribirse solo. Ya tengo cuatro oraciones dentro de este articulo y aunque no estoy diciendo nada, estoy diciendo mucho. La emoción que domina mi acto de escribir es el amor. Hoy, a esta hora, en este cuarto, sobre estas teclas nuevas de un computador de estreno, el amor me habita. El amor por esta actividad me tiene, de la garganta me ha tomado y yo la estoy dejando que a través de mis dedos diga que yo amo escribir por sobre todas las cosas, que estoy...

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¿Cómo imaginas tu sábado ideal?

¿Se pueden imaginar días ideales? Sí se puede ¿cómo sería tu sábado ideal? Si pudieras elegirlos ¿cómo serian? ¿Qué colores tendrían? ¿Qué sabores no podría faltarle? ¿Con qué sonidos deberían estar adornados? Los míos, yo los imaginé así: Colmados de sol que no pica Con pasto verde haciéndole cosquillas a mis pies Con el sonido suave de los pájaros musicalizando mis oídos Con una brisa simple desparramándome el pelo Con un libro para entretener la tarde Con el tiempo marchando al compás del reloj de mis ganas Sin apuro, sin prisa, que todavía hay más sábado para andar Con la propuesta esa de un cielo estrellado y una noche clara Con la llegada de la luna entera para mí Con la certeza de que este sábado era posible....

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jugar

Jugar a jugar

Jugar a unir los puntos. Los puntos son las estrellas, las más claras y muchas que he visto. Las líneas rectas son rayos invisibles que salen de mis ojos treintañeros. A veces les ayudo con mis brazos. Jugar a ver qué tan rápido se esconde el sol entre los cerros. Créanme, lo hace “harto” rápido, dirían los amigos chilenos. Jugar a ver quién pestañea primero al mirar derechito a la Luna más brillante de todas las noches. Jugar a encontrar entre las ramas, las hojas y el pasto, a ese bichito que corta el sonido ambiente del río y nuestros pasos al caminar –¿dónde estás bichito? Dejanos verte la cara. Jugar a que mis manos aguantan la respiración bajo el agua de río más...

Jugar a unir los puntos. Los p...

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Tengo a Júpiter en la mira

–Tengo a Júpiter en la mira. –Dice que tiene a Júpiter en la mira. –Dice que ella dijo que tiene a Júpiter en la mira. –Dice que dijeron que ella dijo que tiene a Júpiter en la mira. –Dice que estuvieron diciendo que ella dijo que tiene a Júpiter en la mira. Ella tiene a Júpiter en la mira, digo yo, que soy ella.  ...

–Tengo a Júpiter en la mira...

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domingo de sol

El sol de papá

Los domingos, se ha escrito, vienen cargados de un gen especial y no importa el lugar en el mundo en el que estés, ellos siempre te encuentran. A mi me encontró en la costa, frente a una playa con nombre raro y atractivo aún más particular. La llovizna y el viento hacían de ese día otoñal un auténtico domingo hasta que algo cambió, pongamosle que fue el viento, este con su volatilidad característica dio paso al sol despejando el camino que las nubes le coartaban y entonces llegaron las familias, ¿qué más domingo que las familias señores? Desde uno de los vehículos, el más cargadito de familia de todos, bajó un hombre y con el hombre un niño en brazos y yo vi...

Los domingos, se ha escrito, v...

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A papá

Tu brazo era el remanso. Ahí sentada junto a vos en el sillón nada malo podría pasar. Mi cabeza reposada en tu hombro las palabras que brotaban en paz nadie las apuraba no hacía falta. Porque lo dicho eran los hechos. Lo concreto: vos  y yo nuestro encuentro irremediable. ¿Cómo es la vida sin eso? Tu fantasma flotando en tu casa la camisa que ya no te viste tu brazo que ya no abraza el encuentro que ya no sucede todos los "ya no" que duelen ¿Qué queda? Lo que nos dijimos una y otra vez, aun sin hablar.  ...

Tu brazo era el remanso. Ah...

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El banco de mierda

Estoy parada frente al banco de mierda desde el que te vi cruzar la avenida hablando por celular. Ese desde el que te clavé los ojos deseando por dentro con todas mis fuerzas que vos me miraras. ¿Te acordás? Vos me viste, sin buscar nada me encontraste y retribuiste a mi sonrisa que, con todos los dientes que traigo en suerte, le daba la bienvenida a tu mirada. Lo que pasó después es historia, una que vos y yo conocemos bien, sólo que de algún modo yo, estoy segura, recuerdo con un lujo de detalles que asusta. Obsesiva que le dicen o simplemente mujer que ama. Te juro que repaso esos detalles almacenados vaya uno a saber en qué lugar de la memoria. Seguramente,...

Estoy parada frente al banco d...

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Algo que puede pasar cuando te rompen el corazón

¿Qué fue? ¿Qué fue ese ruido? Me tembló todo dentro, una brisa helada me recorrido el cuerpo, un escalofrío en sinfín para esperar agazapada la llegada del puñal, que mudo amenazaba con destruirme por completo. Me sentí presa, todavía parece que lo estoy. Fui poco a poco, pasito a pasito, despegándome de las fauces de ese animal que sin piedad metió ambas manos en mi pecho para romper lo único que cabe ahí dentro: el corazón y todo lo que él trae consigo. Me vi en la terrible necesidad de salir corriendo, aún con el corazón hecho trizas en la mano. Descubrí, horas más tarde, que ya otras veces había caminado de esa forma los días de la vida y que entonces, así como alguna vez temblé,...

¿Qué fue? ¿Qué fue ese ...

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Usted

Usted, usted y su impunidad con la que transforma vidas. Usted y su manía de ir por ahí arrebatándole las ganas a la rutina. ¿Qué le pasa a usted que desarma historias cuando sonríe? ¿No se da cuenta usted cuánto daño hace cuando camina los días ignorando lo fundamental de su compañía? No entiende, no lo ha entendido nunca, no nació para entenderlo: usted transforma vidas. Devuelva lo que es mío, porque se lo ha llevado todo: mis ganas, mis deseos, mis ilusiones, mis mejores días. Llévese el miedo, no me combina con la melancolía, esta que añora las mañanas en las que usted fue mía. Tome todo lo que soy, envuélvalo en una sábana y tírelo por la ventana. Arroje mi pasado, los recuerdos, los días que no...

Usted, usted y su impunidad...

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¡Sábado!

Son las 22:59 de un sábado de verano en marzo. Amanecí a las 13:44, vi la hora en el celular, me di vuelta y seguí durmiendo. A las 14:23 mi cuerpo necesitó despertar. Tenía dolores, también olores. Los primeros eran peores. No salí de la cama sino hasta las 16:32 cuando mi cuerpo necesitó comer y tomar algo. Antes fui al baño y me miré los ojos, después la cara y más tarde moví la cabeza frente al espejo en clara señal de fastidio con la que soy. Melisa, Melisa… Poco después de las 17:00 estaba sentada en la mesa con mate, galletitas saladas y mermelada frente a mi cara. Comí, tomé, escuché una playlist que pongo cuando no quiero pensar ni sentir y así me...

Son las 22:59 de un sábado de...

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