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Mi garabato del día

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Mi garabato del día

No pienso editar.

No pienso editar este post/artículo/texto.

No pienso editarlo y por eso, lo escribo directamente en el editor de texto de WordPress.

Vine corriendo con mis dedos hasta el blog al que hace rato no venía sólo para decir(me) que no pasa nada, que está bien a veces no tener porqué ni con qué ni ganas de escribir.

A veces siento culpa cuando no lo hago, como si estuviera de algún modo perjudicando a mi yo que escribe, ese que creo es mi más creativo yo.

Cuando eso pasa voy caminando los días con este pensamiento rumeante en la cabeza, ese que dice que algo no estoy haciendo, que con algo no estoy cumpliendo. Como si en esto también tuviera que cumplir.

De vez en cuando, leo a otras personas que escriben y que parecen estar en la misma que yo y ellos me aclaran el panorama. Al parecer, le pasa a muchos, esto de sentirse sin ganas o sin motivaciones para sentarse frente a la hoja en blanco. Me dicen que también lo viven con culpa, pero que se dan cuenta que lo que juega, muchas veces en su caso, es esta exigencia de escribir para decir grandes cosas y eso también me pasa a mí.

Es como si buscara todo el tiempo que salga de mí un texto bien redondito, o de lo contrario, no escribo.

El otro día, en un cuaderno, ese de hojas lisas y puertas cubiertas en tela bordó a lunares blancos, ese que es un cuaderno al que me daba lástima ensuciarlo con mi desprolija letra, pero que ahora poco a poco lo estoy volviendo “todo-terreno” no sólo con letras, sino también con dibujos, escribí algo como lo que intento explicar hoy, acá, en este texto:

“He estado bastante callada últimamente. Es que como suele sucederme, si no encuentro las palabras adecuadas, aquellas que encajen perfectamente en la fórmula de decir, como si de física, química o matemáticas se tratara, entonces no digo. No sé si es la estrategia más sana o la más inteligente, es la mía. Y por ahora, reconocerme en esa que soy y estoy es suficiente.”

Bueno, sabes que no. No me alcanza. Hoy al menos, no me es suficiente. Y sí, este es un desvarío de palabras que en realidad parece no querer decir nada, pero dice mucho de mi estado actual: simplemente hay ruido y a veces ese ruido no es fácil de explicar en palabras. Sin embargo, si tuviera que dibujarlo, tampoco la cosa estaría clara, quizás me aventuraría a hacer un garabato, uno de esos que una criatura de dos años suele hacer en la hoja en blanco creyendo que está dibujando algo que todo el mundo capta y entiende.

Este es mi garabato del día. Perdón si no está claro, pero es lo que hay. Al menos hoy.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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