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Mandar todo al carajo

Mandar todo al carajo

Minúscula. Así me siento hoy. Viste cuando te parece que la vida es una puta rueda que gira y gira sin que vos hagas nada y sin que puedas zafar del hecho de que tarde o temprano vas a ir a parar al suelo y quedarás aplastada por la fuerza impulsora que la propia rueda, es decir la vida, lleva consigo. Bueno, así.

Chiquitita. Porque los diminutivos se inventaron para algo más que para decírselos en la cara a un bebé, mientras este te mira como sin entender una goma de lo que le estás hablando. A veces, el diminutivo te sirve para describir un estado como en el que hoy me encuentro yo: chiquitita.

Diminuta. También podría decir disminuida, lo que creo que es bastante más duro, pero también, más cierto, porque hay algo de vencida en mi estado de hoy, hay algo de achique propio, como si no tuviera ni con qué, ni cómo, ni porqué levantar el copete. No, la derrota es toda mía.

Celular. Reducida a la mínima expresión de lo que soy, así estoy hoy.

Microscópica. Dejame que te diga que acá, en este estado, microscópica representa el tamaño de mi ego, así de insignificante, así de vital. O mi ego es casi nulo o está en todo y por eso duele tanto sentirse así.

Cargo angustia existencial en las espaldas, porque sí, parece que hoy tengo más de una espalda, y en todas ellas el peso es mucho, más del que se debe soportar.

Hoy tengo ganas de mandar todo al carajo

y escribir que tengo ganas de mandar todo al carajo

y también gritar que tengo ganas de mandar todo al carajo

y también llorar que tengo ganas de mandar todo al carajo

y también escribirme un mensaje para decirme que hoy quiero mandar todo al carajo

y después leer que este día tuve ganas de mandar todo al carajo

y reírme de mí misma por no mandar todo al carajo

y después enojarme por haber tenido ganas de mandar todo al carajo y no hacerlo y sentir que la vida es una puta rueda que gira y gira sin que yo haga nada y sin que pueda zafar del hecho de que tarde o temprano voy a ir a parar al suelo y quedaré aplastada por la fuerza impulsora que la propia rueda, es decir la vida, lleva consigo.

Bueno, así.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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