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La palabra alma

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La palabra alma

La palabra alma interroga y yo no sé responder.

Cuando ella pregunta callo y sólo me atino a defender:

“…te juro que no sabía”,

“…no pude adivinarlo”,

“de verdad, no tenía idea”,

“no supe pronosticarlo”.

Tengo la leve convicción —porque todo en mi es así de chiquitito— que algún día la palabra alma va a dejar de creer en mis excusas y va a pedirme una explicación.

Ese día, no sabré de qué disfrazarme, pues le he inventado tantos pretextos en las narices, que ya hasta las mentiras se me han gastado y hay que decirlo, no soy buena con las manos.

Así es que así andamos ella y yo, tanteándonos a oscuras, no vaya ser que un día prendamos la luz y nos veamos de lo falso las caras desnudas.

Por ahora yo le invento cosas a esta palabra y ella dice creérmelas. No soy tonta, de todos modos, sé que en el fondo, no hay otro al que engañe más que a mi yo.

“¿A qué costo?” pregunta el psicoanálisis mientras levantando hombros respondo sin mentiras: “lo estoy averiguando”.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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