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Escritura creativa II

Escritura creativa II

Este ejercicio de escritura creativa lo aprendí en un taller llamado “El viaje de escribir”, dictado por Natalia Sarro y Nicolás Marrero en la ciudad de Mar del Plata.

Como experiencia, el taller fue más que interesante, porque me permitió ver que muchas veces me olvido que escribo porque me gusta y no porque es un deber hacerlo.

Cuando le ponemos demasiadas exigencias o buscamos determinados resultados, nos volvemos más estrechos en pensamiento y escritura y entonces, la cosa parece que no fluye con la naturalidad que debiera y no porque tenga qué, sino porque así resulta más placentero.

La cuestión es que entre las muchas cosas que me llevé de ese espacio, recuerdo sobre todo, esto de escribir como si de un juego se tratara. Y hoy me puse a jugar otra vez con las palabras ¿acaso no se trata de eso escribir?

Lo que hice fue poner en un papel muchas palabras, tantas como entraran en la hoja. Después, fui cortando una a una esas palabras y las puse en una caja. Moví esa caja como si de una coctelera se tratara. Finalmente, saqué de ahí las primeras tres palabras que tocaron mis dedos, estas fueron: tiempo – flores – tierra. Y con ellas escribí un  texto. Si bien no fue así el ejercicio que experimenté en el taller, esta es una versión propia, aunque no nueva, del mismo.

Y fruto de ello surgió este escrito:

El tiempo que se necesita para crear una flor es el tiempo de la tierra.

Porque la tierra es la que necesita tiempo para poder crear la flor.

La flor, hecha de tierra está, tanto así que de ella viene y hacia ella siempre va.

La tierra, como el vientre, como el seno materno en el que todo crece, en el que todo nace, tiene su propio tiempo para fecundar un pedazo de vida al que en estos días llamamos flor.

Tierra,

madre,

flor,

hija,

lo mismo da.

El tiempo es el camino.

 

 

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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