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En defensa propia

Me mataron. Yo no sé cuándo, cómo, ni dónde, pero soy consciente de estar muerta. La hostilidad del mundo siempre me preocupó un poco, pero no pensé que ella desencadenaría mi actual presente. Tampoco sé si es ella la culpable real de mi muerte. Sólo sé que puedo sentirme muerta.

Mis manos están heladas. Solía siempre tenerlas de este modo. El síndrome de manos y pies fríos, que le dicen. Ahora no sólo están frías, sino que además están muertas.

Mis pies duelen, no del cansancio, ni tampoco por el uso de un zapato incómodo, sino por el frío, están helados y eso hace que sienta como si mil cuchillos afilados estuvieran desgarrando la piel muy suavemente.

El resto de mi cuerpo también está helado, pero no alcanza a sufrir dolor. El resto del cuerpo también está muerto.

No estaba segura hasta este momento si morir era doloroso. Ahora entiendo que cuando te morís sólo quedan leves sensaciones, a veces casi imperceptibles, de dolor o de placer.

No recuerdo cómo morí, mi única certeza es que me mataron y la forma que lo hicieron, tampoco está clara para mí, mucho menos el motivo.

El dolor de mi muerte ni siquiera existe a un nivel emocional, es decir, no puedo llorar mi propia pérdida, porque en realidad no sé qué es lo que perdí.

Vagos recuerdos aparecen en  mi mente de tanto en tanto. En ellos vislumbro lo que sería una vida. Veo a la dueña de esa vida como una mujer inmóvil, quieta, ella está viva, pero no del todo. Pareciera que algo la adormece, no tiene sueño, está como anestesiada, no expresa emoción alguna y no demuestra entusiasmo por nada ni nadie. Su vida se distribuye entre el trabajo y las películas que cada día elige ver. Tiene un ritual muy sólido al respecto. Nunca repite una misma película, excepto los fines de semana, cuando se permite volver a mirar uno de los films clásicos que más le gusta. Entre las películas que más repite se encuentra Los Puentes de Madison. Siempre encuentra algo nuevo en esa historia, un gesto de Meryl Streep que no había notado, una frase de Clint Eastwood que no recordaba, o simplemente una melodía  que la lleva a algún lugar imaginario en el que es ella la protagonista de una historia de amor de semejante magnitud.

puentes de madison

CC Commons by: Phil Roeder

Esta mujer no tiene amigos o por lo menos no puedo verlos desde donde estoy. Su única interacción con el mundo exterior se da cuando sale a trabajar o cuando su padre la llama y la invita a comer. No siempre dice que sí ante la invitación insistente de su papá, muchas veces inventa excusas que sólo ella podría creer. Algo le disgusta del hecho de visitar a su padre y el resto de la familia. Quizás es su hermana mayor, que siempre tiene un chisme nuevo que contar acerca de algún vecino. O tal vez sea su madre, quien suele tener el extraño don de hacerla sentir desaprobada sólo con mirarla. Su hermana menor de alguna manera también la perturba, con su prepotencia y aires de superioridad, con su belleza innata, aquella que ella claramente no ha heredado de la perfecta genética de sus padres.

Veo que cuando decide ir al encuentro de esta familia tan particular, regresa a su pequeño departamento con una terrible acidez. Imparable, casi fulminante, si no fuera por el calmante mágico que ha encontrado alguna vez de casualidad. Un calmante que adormece su dolor y la deja lista para su película de fin de semana.

Los domingos terminan siempre en la cama, con un buen film de compañía y el malestar de su gastritis autodiagnosticada.

Ella no sabe que yo la observo, que llegan a mi flashes de su vida. Ella no entiende lo triste que se ve de afuera cómo vive. No debe ni siquiera imaginar lo lamentable que es ver a una muchacha de sus características viviendo de la forma en que lo hace.

Muchas veces siento angustia cuando la veo, porque pienso que su vida podría ser mejor. Otras veces la ira se apodera de mí cuando observo que pasan días, semanas, meses e incluso años y ella no realiza cambio alguno. Siempre soñó con conocer el mundo por ejemplo y hoy, a sus 30 todavía no salió si quiera una vez de la ciudad en la que nació. Su mundo está reducido a su departamento de dos ambientes, su trabajo insatisfactorio y por supuesto, sus películas, sus amadas películas.

A veces creo que el único modo que ella tiene de viajar, de salir de su mundo acotado, de su realidad tan gris, es a través de esas historias que algún director pudo plasmar en la gran pantalla. En ocasiones siento además que ella siempre ve en un personaje lo que le gustaría encontrar en ella misma. Por eso también pienso que no elige cualquier tipo de film, las películas que a ella le gustan deben tener un contenido especial, deben contar una historia memorable, deben tener alguna moraleja, no siempre busca los finales felices, pero los prefiere. Creo que es en sus películas donde ella deposita todas sus esperanzas.

Ahora que lo pienso bien, esas sensaciones no me son tan ajenas. De alguna manera, su vida y lo que veo de ella no es tan lejano para mí. Hay algo que me identifica con ella, que me lleva a pensar que la conocí, que posiblemente alguna vez la miré a los ojos, tomé su mano, compartí una charla o alguno de esos momentos cinéfilos. Sí, cada vez tengo más certezas de que en algún momento me la crucé en alguna calle, quizás en el subte o en ese cafecito de la esquina de su trabajo, probablemente la vi con la mirada perdida, revolviendo su café, viendo hacia la nada.

Creo que la vi más de una vez, creo que hasta llegué a hablarle en alguna oportunidad. Me desesperaba verla así, tan sombría, y un día quise llamar su atención. Quizás no fue mi forma la más adecuada. Recuerdo que le grité fuerte. “Basta”, le dije. “Hace algo nena” agregué. Ella siguió mirando hacia la nada. Fui más allá y la zamarreé. No se inmutó. Volví a intentarlo, esta vez no sólo la sacudí tomándola de ambos brazos con mis manos, sino que además al tiempo que lo hacía, le gritaba “¿qué queres?, querida”. Lo recuerdo y me inunda la culpa. ¿Por qué hice semejante cosa? ¿Qué esperaba conseguir? ¿Quién soy yo para maltratar a alguien así?

Se me hizo un nudo en la garganta y la angustia se apoderó de mí. La certeza de que me habían matado era irrefutable. Estoy realmente muerta y me fui de esta vida haciendo sufrir a alguien. Los buenos modales nunca fueron lo mío, pero de ahí a lastimar a una persona hay un largo camino y al parecer yo lo recorrí.

Tengo la extraña sensación, de todas formas,  de que tuve mis razones para hacerlo. Algo me dice que mis intenciones fueron buenas, que sólo quise hacer lo mejor para ella, que sólo buscaba despertarla, nada más que eso.

Y mi muerte y el maltrato hacia ella están ligados. Sí, ahora lo tengo claro. Nunca vi nada con mayor claridad que esto. Me mataron y ella sabe quién fue.

Mi muerte está vinculada de manera intrínseca a ella. Mi muerte no hubiera sido posible si no fuera por ella.

me mataron

CC Commons by: thepeachpeddler

Estoy en un lugar oscuro en tonos grises, encerrada en cuatro paredes. Este cuadrado es todo lo que tengo y no veo nada más que lo que de vez en cuando habita en mi mente, lo que veo o ella me deja ver. No siempre puedo hacerlo, ella lo controla todo. Es ella quién decide cuándo puedo ver y cuándo me quedo a ciegas.

Pese a su crueldad, hoy la respeto, tengo que hacerlo, incluso tengo que obedecerle y no ver lo que ella no quiere que vea, de hecho, sé que de algo me estoy perdiendo, que no veo la totalidad de las cosas. Algo me oculta y no sé qué es.

Me dan ganas de zamarrearla de nuevo, esta vez la putearía. Posiblemente le tiraría de una oreja para hacer hincapié en que me escuche cuando le hablo, que ella no es quién para ignorarme de esa forma, que ella debe mirarme de una vez por todas, que debe darse cuenta de lo que sucede, que si ella no me vuelve a mirar, no voy a volver a vivir nunca más, que estoy agonizando y que ella es la única que puede salvarme. Me encantaría decirle todo eso, pero no puedo. No puedo porque decidió no escucharme, no tenerme en cuenta, decidió que yo no debo existir, que ella está sola, por su cuenta y que yo en realidad soy su enemiga.

Es así como ella decidió matarme, de un tirón y según dice, lo hizo en defensa propia.

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