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Ella hace más que dormir

ella hace más que dormir

Ella hace más que dormir

“Se ríe el niño dormido

quizás se sienta gorrión esta vez

jugueteando inquieto en los jardines de un lugar

que jamás despierto encontrará”.

(Plegaria para un niño dormido, Almendra)

***

Sofía tiene los ojos cerrados, pero yo sé que hace más que dormir.

Sofía me engaña, a ella le gusta hacerlo, aunque no sepa que lo hace.

Ella suele cerrar sus ojos y hacer como si durmiera. ¡De veras! finge que duerme, pero en realidad, yo sé que hace más que dormir.

Entonces la observo, un buen rato la miro, la veo fingir que duerme y el tiempo se detiene. Recorro con mis ojos sus ojos dormidos, sus largas pestañas que reposan en la cuenca acolchonada de su mirada. Observo cómo estas compuertas hechas de pelos comienzan a temblar y es ahí cuando digo que ella me engaña y hace más que dormir, porque inmediatamente se dibuja una mueca en su rostro, una mueca que poco a poco se va transformando en sonrisa y ahí veo que ella hace como que duerme, pero en realidad sueña, ella sueña y ríe.

¿Se ríe de mí?

¿Me verá verla dormir?

¿Sabrá que la he descubierto?

¿Me creerá su cómplice en esto?

No, me convenzo rápidamente. Ella no se ríe de mí, ella es feliz allá en ese mundo onírico en el que se encuentra  y por eso sonríe.

¿Qué será?

¿Qué será lo que ella sueña?

¿Qué sueños estará soñando?

¿En qué galaxias estará viajando?

¿Qué cielos estará navegando?

¿Qué suelos estará volando?

No sé, pero ella se ríe.

Y yo imagino…

Imagino que vuela, por la paz que domina su rostro, siento que en el sueño ella vuela y ese vuelo la eleva, le permite deslizarse sin peso, sin pausa, sin miedo. Ella es una pluma que el viento mece y acaricia, que el viento encumbra hacia las nubes  y en esas nubes ella se siente cálida, cómoda, recubierta en algodones que no raspan, que no pican, que miman.

Ella se siente arropada y ya no sabe qué es, ya no sabe si es una pluma o un gorrión, ella vuela.

Ahora está en el agua, en un rio cristalino de panza al cielo, ese que creía haber dejado segundos o galaxias atrás. Y escucha cómo el agua chapotea contra las piedras y se ríe de nuevo.

Ahora ella es agua, es rio que desemboca en mar y de repente, es el mar más inmenso del mundo. Inabarcable. Siente la piel de todos los seres que en ella se sumergen, porque ahora es el mar que todo lo envuelve, que todo lo abraza. Va y viene en cada ola y en cada una de esas olas se desvanece, su fuerza decrece y eso está bien, se siente bien. Todo fluye, todo es un ir y un venir dominado por la más absoluta dicha.

Sonríe otra vez.

Siente que se deshace como algodón de azúcar en la boca.

Se siente liviana, ligera.  Siente cosquillas en sus pies y la suavidad de una mano que le acaricia la mejilla.

Entonces, Sofía abre sus ojos y me ve.

Ahora sí me ve.

Ahí sí estoy yo.

Puede verme.

Sonríe

y vuelve a cerrar sus ojos

a hacer que duerme.

 

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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