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El sol de papá

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El sol de papá

Los domingos, se ha escrito, vienen cargados de un gen especial y no importa el lugar en el mundo en el que estés, ellos siempre te encuentran.

A mi me encontró en la costa, frente a una playa con nombre raro y atractivo aún más particular.
La llovizna y el viento hacían de ese día otoñal un auténtico domingo hasta que algo cambió, pongamosle que fue el viento, este con su volatilidad característica dio paso al sol despejando el camino que las nubes le coartaban y entonces llegaron las familias, ¿qué más domingo que las familias señores?

Desde uno de los vehículos, el más cargadito de familia de todos, bajó un hombre y con el hombre un niño en brazos y yo vi lo que parecía ser un abuelo, joven abuelo, pero abuelo al fin. Y no pude no ver en ese hombre, a papá.

La llegada del sol, hizo que el atardecer fuera de los más lindos que he visto hasta el momento, pero a mi se me empañaron los ojitos y me resultó inevitable no empezar a pucherear, seguido de lagrimear pensando en que estaba en vísperas de 22 de mayo, es decir lo que sería el cumpleaños de papá y un poco que la nostalgia me encontró.

La nostalgia – domingo – 22 de mayo – papá que no está: combo explosivo, risa esquiva, llanto seguro, reprimirlo nunca, poder hacerlo jamas.

Y aunque parecía que todo quedaría teñido de tristezas, el llanto pasó, el nudo se desató, ¡que para eso se llora che! y entonces caminé hasta el mar y vi el sol de cerca y las familias a punto de tomar once y pensé en la mía tomando mates en lo de mamá y en qué allá me esperan y en qué si estuviera papá también lo haría y sobre todo, pensé en mi viejo, en mi querido gordo, en el abrazo que le daría para celebrarlo y en que si es así lo que dicen de la vuelta al sol en los cumpleaños, entonces este sol es enterito de papá.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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