Top

El otro lado

el otro lado

El otro lado

Son poco más de las cuatro de la madrugada. Lo sé porque a través de la ventana veo el mismo color de ayer, cuando a esta hora me fui a la cama.

Voy al baño y me lavo los dientes por segunda vez en la noche. Enciendo la luz de la habitación, acomodo las frazadas sobre la cama y me siento exhausta. Creo que dormiré hasta el mediodía.

Me pongo la pijama y al apagar la luz veo que la claridad del día dibuja la silueta de una persona ubicada detrás del cristal de la ventana. Mi respiración se acelera y mi corazón comienza a saltar con fuerza. Me quedo detenida en el infinito tiempo del miedo. La figura detrás del vidrio también lo está. Fijada como un árbol frente a mi ventana, sin moverse siquiera para respirar.

Salgo de mi aturdimiento y pienso que la mejor opción es buscar el teléfono para llamar a la policía. Mis movimientos son lentos y minuciosos, no admiten torpeza alguna o podría desencadenar algo aún peor que la presencia de un extraño al otro lado de mi ventana.

Tomo mi celular, pero antes de presionar algún botón recuerdo que el equipo se iluminará, delatando mi jugada frente al adversario. Entro en pánico otra vez.

El extraño continúa inmóvil y yo con él. No puedo distinguir nada, no veo su rostro con claridad, pero en esa inmovilidad en la que ese otro y yo nos sumergimos, encuentro sus ojos.

Ahora sé que se trata de una mujer. Ahora sé que el temor es absoluto porque lo que veo es mi propio reflejo, muerto reflejo fijado para siempre en la ventana oscura de la vida.

¿Dónde estoy ahora y por qué no puedo unir todas mis piezas? ¿Dónde se encuentra esa yo que veo detrás del cristal?

Tomo el único atisbo de coraje que me queda instalado en el cuerpo y me dirijo a la ventana que es también una puerta. Mi mano sobre el picaporte, mi mano sobre el abismo de la vida ¿Abriré? ¿Me lanzaré?

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

No Comments

Deja un comentario