Top

El banco de mierda

El banco de mierda

Estoy parada frente al banco de mierda desde el que te vi cruzar la avenida hablando por celular. Ese desde el que te clavé los ojos deseando por dentro con todas mis fuerzas que vos me miraras.

¿Te acordás?

Vos me viste, sin buscar nada me encontraste y retribuiste a mi sonrisa que, con todos los dientes que traigo en suerte, le daba la bienvenida a tu mirada.

Lo que pasó después es historia, una que vos y yo conocemos bien, sólo que de algún modo yo, estoy segura, recuerdo con un lujo de detalles que asusta. Obsesiva que le dicen o simplemente mujer que ama.

Te juro que repaso esos detalles almacenados vaya uno a saber en qué lugar de la memoria. Seguramente, uno muy a mano, o sino no me explico por qué esos detalles teñidos ahora de recuerdos me traen todos los días de regreso, aunque más no sea con la imaginación, a ese banco de mierda en el que vos y yo nos encontramos.

¿Qué me querrá decir la cabeza?

Más importante aún ¿qué hago yo parada acá, del otro lado?

Me atrevo a responder que estoy parada acá porque de alguna manera, desde algún recodo de mi orgullo, quiero saber qué es lo que se siente estar del otro lado, ser la que cruza la calle y es observada por alguien que está sentado en un banco de mierda con sonrisa horizontal ancha, tan ancha como la puta avenida.

¿De qué me reía? Probablemente, me reía  de todo lo que ignoraba, por ejemplo, del hecho de que tarde o temprano vos me destrozarías.

No, ¡quiero retruco! vos no, fui yo, yo solita hice el laburo.

¡Quiero vale cuatro! vos me diste el empujoncito ese que dan los cobardes ¿viste ese que da el que no se atreve del todo a hundirte y te espera, te espera que vos solito lo hagas y cuando finalmente ve que saltas al vació aparece con sus manos y las posa suavemente en tu espalda como diciendo, “ey, mirá que yo te empujé”? pero no mi querido, vos no fuiste, fui yo.

Acá, parada desde el otro lado, miro el banco de mierda y pienso en todas las cosas que tuvieron que pasar para que vos y yo coincidiéramos.

¿Y si vos no me hubieses visto? ¿Y si yo no te hubiera encontrado con la mirada? ¿Y si vos no hubieses frenado a saludarme? ¿Y si no me hubieras reconocido? ¿Y si hubieses cruzado para el otro lado? ¿Y si alguien hubiera tapado tu visión del banco y por ende, de mí? ¿Y si…? Tantos son los que se me ocurren que mejor es dejar acá.

Coincidir. De eso se trató, nada más y nada menos.

El problema, el verdadero problema, es que en ocasiones creo que en las coincidencias está la respuesta, cuando a veces, una coincidencia es una simple, puta y llana coincidencia.

Lo hubiéramos dejado así.

Yogur para la cena.

 

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

No Comments

Deja un comentario