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Eclipse total del amor

Eclipse total del amor

Eclipse total del amor

Me pongo los auriculares y me coloco en posición horizontal, intentaré dormir antes de que amanezca. Por primera vez en muchos días.

Después de una canción que no dejo terminar, ya estoy agarrando el celular y navegando por la galería de fotos. Viajo al 2016 y nos encuentro sonriendo con todos los dientes. Vos me miras a mí, yo a la cámara. Vos me amas ahí ¿Y yo? Hace cuánto esta pregunta me toca el hombro y hace cuánto no sé responderla.

El nudo en la garganta que todas las madrugadas me despierta cada vez que se me cierran los ojos e intento conciliar el sueño, ahora se destraba en formato lágrimas y se me inunda la cara con ellas. Me tengo que levantar abruptamente cuando la mucosidad de la nariz pasa a la garganta y me siento ahogada, una vez más.

No amar es tan difícil como amar, porque todo está atravesado por el amor y el amor duele en cualquiera de las veredas, no importa lo que digan algunos. No amar, de todos modos, es una cosa que no existe. Yo amo, sé que te amo, pero sé que no alcanza y que no es esa clase de amor la que querés, esperas, necesitas.

Sí, ya sé, no soy quién para dictaminar qué necesitas vos, pero después de 12 años, dame algo de crédito cuando te digo que no sos feliz conmigo.

Me levanto de la cama, camino descalza al baño y ahí me limpio la cara, suena Rubí de Babasónicos en los auriculares y yo me miro los ojos rojos, la nariz versión pompón y entiendo que lo del Eclipse puede ser cierto y que me gustaría mandar a cagar a todos los astrólogos que dicen que esto representa el fin de algo, el cierre a una situación que desde hace meses se viene gestando. Váyanse mucho a la mierda, pero de verdad.

Me duele vernos reír, porque sé todo lo que fuimos y todo lo que ya no podemos ser, porque tengo el miedo instalado en la panza, porque antes de lastimarte prefiero extirparme las ganas y sé que, aunque me convierta en mártir con tal de no hacerte ni un puto rasguño, igual vas a sufrir.

Entonces ¿qué más da? Volemos en pedazos amor, si total vinimos a rompernos, si total ya estamos rotos. Que esta marca en el pecho siempre tendrá tu nombre, esos dientes para mí y tus ojos achinados que supe hacer reír. Si este es el final, me quedo con eso que supimos ser, con ese pedacito de felicidad cotidiana intacta, la sobremesa y nuestras risas anchas.

La rutina fue un regalo hermoso que pudimos compartir. No te borro de ahí, no me saques de ahí si no querés, pero pongamos fin a esto, porque ya fue todo y vos y yo lo sabemos.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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