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¿De qué estoy hecha hoy?

¿De qué estoy hecha hoy?

Él dice que no sabe, pero que me ve más ácida que de costumbre. Quiero decirle que, en todo caso, me siente, me siente más ácida que de costumbre. Pero eso de ver es un decir y no estoy para corregirle a nadie la gramática.

Suspiro, recuerdo, sin embargo, que en Pedro Páramo Rulfo decía que cada suspiro es una gota de vida que se nos escapa, o algo así y yo que soy tan de no querer que se me escape nada…

Tengo presente cosas como esas, es que cada vez que leo algo así, tan perfecto y claro, se me graba.

También recuerdo que donde tenga un muerto enterrado bajo la tierra, ahí pertenezco, eso explicaba García Márquez en sus Cien años de soledad y yo pegunto si será tan así, si será que uno debe sentirlo así, porque hoy que estoy ahí, donde mis muertos descansan, no me siento pertenecer, estoy tan sapo de otro poso que duele.

A sufrir llaman y hay que apretar los dientes, escribió la chilena Allende para ponerle voz a una abuela en el Cuaderno de Maya y agregó después: “un dolor así, dolor del alma, no se quita con remedios, terapia o vacaciones; un dolor así se sufre simplemente a fondo sin atenuantes como debe ser”. Entonces, así estoy, ácida y marcada por muchas voces. Como la de la Pizarnik, que resuena en mi cabeza para decirme una y otra vez “(…) que partió de mi un barco llevándome” y sí, me llevó lejos y no me trajo de regreso el muy hijo de su madre.

Mientras espero volver, llegar de verdad a este sitio al que supuestamente pertenezco, me cuento con voces ajenas lo que me pasa, para entender mejor de qué estoy hecha hoy.

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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