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¿Cómo lidiar con una crisis en tres pasos?

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¿Cómo lidiar con una crisis en tres pasos?

Los grandes desastres requieren de un solo impulso inmediato: la calma.

Si lo primero que sientes cuando recién te levantas y pones un pie en el suelo es agua, tu día no está empezando de la mejor manera.

Eso mismo pensé yo, cuando esta mañana encontré el departamento en el que vivo bajo el agua. No voy a exagerar tampoco, lo cierto es que el agua sólo llegaba a los  5 centímetros, y digo “sólo” porque claramente podría haber sido mucho peor de lo que fue.

Es curioso cómo actúa uno ante situaciones de esta clase, donde la desesperación puede jugarnos una mala pasada y un desastre puede desencadenar otro peor.

Afortunadamente, ese no fue el caso, y la pequeña inundación de esta mañana fue sólo una anécdota, que me sirvió además como fuente de inspiración para este post.

En caso de desastre, conserve la calma

Esta es una recomendación que se suele dar en diversos contextos, como por ejemplo, a bordo de un avión. La clave en ese momento parece ser la tranquilidad, tener la certeza de que no importa lo alterado que te pongas, tendrás que lidiar con esa situación, dado que no podrás borrar lo ocurrido por arte de magia, sino que debes solucionarlo y por tanto, tu mejor compañera será la calma.

La desesperación parece irremediable en casos como el de una inundación, sobre todo, cuando tienes mucho que perder. Pero mi pequeña experiencia me ayudó a descubrir un método bastante efectivo para poner en práctica cuando una crisis, de la naturaleza que sea, te aceche.

conservar la calma

¿Cómo lidiar con una crisis en tres pasos?

Primer paso: ocúpate de lo imprescindible

Al momento de enfrentar una crisis probablemente no sepas por dónde iniciar, esto es, ¿qué arreglo primero? ¿De qué me ocupo en primer lugar?  Y lo primero siempre debería ser lo imprescindible, aquello que es esencial para tu supervivencia en el contexto en el que se desarrolle la crisis.

En mi percance de esta mañana lo imprescindible era cortar la energía eléctrica, precisamente porque había varios artefactos enchufados y al entrar en contacto con el agua, estos podrían generar algún cortocircuito e incluso una explosión e incendio. Además podría electrocutarme.

Cuando tienes que lidiar con una crisis, siempre habrá una necesidad básica y elemental que cubrir primero. Eso será lo imprescindible y tu primer paso para afrontar un desastre.

Ahora pensémoslo enfocando la mirada en el plano profesional. Imagina que tienes una crisis con un cliente, lo imprescindible en ese caso sería conservar la relación comercial y laboral que te une con él y por ello, te moverás hacia el cumplimiento de ese objetivo.

Segundo paso: ocúpate de lo importante

Lo importante es aquello que requiere solución inmediata, por el daño que puede llegar a generar, pero aun así, las consecuencias de no atender esta urgencia no te llevarán a perder la vida.

Cuando te ocupas de lo importante, te estás haciendo cargo  de algo significativo, pero que no posee la misma urgencia que aquello de lo que depende tu supervivencia.

En el caso de la inundación, lo importante era resguardar aquellos elementos de valor que pudieran llegar a echarse a perder a causa del agua.

En una crisis con un cliente, lo importante serán aspectos valiosos que de no resolverlos, podrían dañar bastante la relación comercial que te une a él, complicando incluso las colaboraciones futuras que puedas tener con este. De lo importante será positivo que te ocupes en el menor tiempo posible, aunque no en primer lugar.

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Tercer paso: ocúpate de lo menos grave

Lo que para mí es grave en una crisis, puede no serlo para otro. Es ciertamente difícil encasillar en una categoría cuestiones que pueden tener múltiples interpretaciones.

Sin embargo, quizás coincidamos en un punto: lo menos grave al momento de afrontar una crisis es indudablemente lo que menos daño hace.

Enfocándome en mi inundación en particular, lo menos grave, fuera de lo imprescindible, que era cortar la energía eléctrica y de lo importante, que era salvar los objetos más valiosos, se encontraba todo lo demás, es decir, ocuparme de limpiar mi casa, de volver a poner todo en su lugar, llevando algo de normalidad al caos.

Es sencillo ver que si debes aplicar esta misma práctica al afrontar una crisis con un cliente, lo menos grave será definitivamente aquello que no te hará perder la relación que te une a este, lo que no dañe severamente tu vínculo con el cliente de cara a colaboraciones futuras, en definitiva, será lo más superficial de la cuestión, algo que debes atender, pero sin urgencia, pues tienes más tiempo para resolverlo.

Hasta aquí hemos podido ver que todo pareciera resumirse a una cuestión de organización inicial, atendiendo unos objetivos precisos. ¿A qué te recuerda eso?

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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