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Ausente estoy

Ausente estoy

Estoy ausente de mí y estoy ausente de todo. Eso se traduce en ausencia en este espacio. Porque escribir, lo que dice escribir, he escrito poco. Ahora bien, lo que se dice cumplir escribiendo para otros, lo he hecho, siempre lo hago, de las obligaciones poco o casi nada me ausento.

Cumplir con otros siempre me resulta más fácil que cumplir conmigo. Cumplir conmigo requiere de un trabajo, de unas energías, de un coraje, que a veces siento no tengo. Como si no me hubiese venido de fábrica el cosito ese que te motiva a cumplir con vos mismo, ese que tantos tienen, yo no lo heredé genéticamente y parece que todavía no pude instalármelo.

Entonces, recordé que hace poco fui a un taller de esos que te inspiran a escribir porque sí, sin tanta vuelta ni tanto enrosque. Sin medir tanto cada palabra que pones en la hoja en blanco, sino más bien, haciéndolo desde algún recóndito lugar de tu autenticidad, si es que tal cosa existe. Es decir, escribir con las entrañas, con lo que te pase en el momento, con lo que traigas puesto ese día.

Y este día, yo estoy vestida de ausencias, desde la punta del dedo chiquito del pie, ese que te golpeas con la punta de la cama y puteas desde el alma, bueno desde ahí hasta la última hebra de cabello que tengo encima, estoy ausente y parece ser que tan  ausente estoy, que me hice presente en algún escondido lugar de mi voluntad para escribir este texto sin expectativas, sin ánimos o ínfulas de nada más que de compartir mi ausencia con quien sea que esté del otro lado.

Hoy no estoy, o mejor dicho, hoy, ausente estoy.

 

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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