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A los tumbos

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A los tumbos

Sabes cómo es porque te pasó muchas veces.

Parece un fuego, porque sentís que quema, pero no, no te estás quemando, te estás encendiendo.

Y poco a poco vas abriendo. Cosas dentro vas abriendo.  Primero la cabeza, ella captó la señal y ahora la procesa.

Así, tu cerebro trabaja y se expande y se comunica con otros órganos para intentar comprender de qué se trata. Y quizá, sin saberlo,  o sabiéndolo muy bien, llega hasta el torrente sanguíneo para dejar allí alguna de sus aliadas células, en busca de más información que permita dilucidar mejor esa señal.

La célula que busca datos y que tiene datos, viaja por todo tu cuerpo a través de tu sangre y sin quererlo o queriéndolo muy bien, llega a tu corazón y ahí deja el recado, pensando que se llevará una simple respuesta. Pero el corazón cuando recibe el mensaje de aquella señal, que tiempo antes entró por tus oídos, llegó al cerebro, fue procesada y luego viajó por todo tu cuerpo, como si de oxigeno se tratara, estalla en su interior, estalla de júbilo, de alboroto, de alegría, de amor.

La célula, testigo de todo ello, sin mediar palabras sale de allí apurada, no deja que nada la detenga porque su mensaje es urgente. Y aunque hay barreras que quieren interrumpirle el paso, ella corre, corre con todas sus fuerzas, arriesga su vida en el camino hasta lograr entrar por la puerta gigante que le da acceso a la mente y ahí, como si el corazón le hubiera contagiado su jolgorio, la célula estalla en las narices del cerebro que asombrado envía una señal clara al dueño de ese organismo, es decir a vos: ¡uff qué canción!

Melisa Fernández

Escribo hasta por los codos...

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